26/03/1554: Do P. Brás Lourenço Aos Padres E Irmãos De Coimbra
-
Documento
- Bibliografia: LEITE, História VI, 324B.
- Autores: POLANCO IV 637-641; LEITE, História I 226; II 109, 324, 325.
III. Texto: ARSI, Bras. 1-1, ff. 108r-110r [antes 368r-370r]. Cota [f. 110v]: «Copia de una del Brasil del P. Blás Lorenzo para los Padres y Hermanos del Colégio de Jesus de Coimbra. 2.” Brasil [outra letra:] 26 Martii». Tradução espanhola coeva do original português perdido, com lusitanismos e palavras antiquadas.
- Edição: Publica-se o texto único.
Textus
- Nuntia Fratrum non accepit, quod dolet. — 2. Permanent Bahia P. Ludovicus da Grã et Fr. Ioannes Gonçalves. — 3. Ad meridiem pergunt 14 vel 15 cum P. Leonardo Nunes, iussu Patris Nóbrega. — 4. Sistunt in “llhéus” per mensem. — 5. Ibi P. Leonardus Nunes in navem regiam conscendit. — 6. Naufragium navis in qua ibat ipse P. Blasius Lourenço. — 7. Bene accepti ab Indis Fluminis das Caravelas, ibi reficitur navis. — 8. Pergunt in Praefecturam Spiritus Sancti, ubi eos expectabat Pater Leonardus et mansit P. Lourenço, loco P. Alphonsi Brás qui S. Vincentium adivit. — 9. Ministeria in Praefectura Spiritus Sancti. — 10. Confraternitas caritatis. — 11. Modus contionandi apud Lusitanos. — 12. Modus agendi cum Indis. — 13. Terra valde dives. — 14. Sed ecclesia caret ornamentis, quae ipse a Portugália postulat.
Charísimos Padres y Hermanos,
Pax Christi.
La gracia y amor de Jesú sea siempre en nuestras almas. Amén.
- Después que desa sancta casa parti, Charísimos, nunqua más oí nuevas suias, cosa que en estas tierras tan remotas causa mucha consolación, principalmente para mí, que tanto en mi alma os tengo. Y secundariamente me causa estos deseos estar solo sin mis conpanneros y sin lo Padre ni Hermano con que me pueda consolar, y estaremos tan remotos que más presto puedo oir nuevas de allá que de los de aquá, por causa de las mociones que cursan medio año de un cabo, y médio dei otro, de manera que de 7 ó de 8 en 8 meses tenemos nuevas unos de otros, y aun si acierta a venir algun navio; lo qual es para mi mui gran desconsolación. Quiseles scrivir esto para que de sus charidades y consolaciones partan con este desconsolado, y no quieran ser comigo como yo era con los que aquá andavan, que no me podia acommodar a les scrivir quando allá estava.
- Charisimos, después que por la Armada les screví, vino a la Baia Leonardo Nunez por mandado dei P. Nóbrega, y después de aí estar algunos dias me quisera dexar aí por Rector, mas después N. Senor ordenó otra cosa, que concluieran que quedase ai Luis da Grã, porque avia de predicar por estar mui querido de la gente, specialmente dei Governador y quedo con él Joam Gonçalvez. Y los demás que allí estávamos, así de los ninos como Hermanos, nos enbarcamos algunos 14 ó 15, que no podían mirar para parte que no viesen de nosotros, aunque a mí poços me podían ver, mas hallávamme con los pies por ir siempre enjoado, y io callava sin me poder menear.
- Venimos a los Ylleos, que son 30 llegoas de la Baía, y allí stuvimos cerca de hun mes por causa dei Oidor que yva haziendo corectión, y aí pasávamos hambre por causa que éramos muchos y las limosnas poças.
- Después nos partimos y fuimos a Puerto Seguro adonde estava Anbrosio Pirez, el qual nos recibió con su sólita charidad. Y stando aí algunos dias, quisiera el P. Leonardo Nunez llevar al P. Ambroseo Pirez, y ia tenía el hato embarcado. Vinieron entonces los moradores a pidir que le dexasen algún Padre, de tal manera que se mostravan scandalizados. Estonces detriminó el Padre que quedase alguno. Fuimos puestos en suertes quál de nós quedaria, si el P. Ambrósio Pirez, si io, et cecidit sors sobre Ambrósio Perez. Quedo con él Blazquez por causa de Gregorio se hallar mal en esta tierra.
- Y de aí nos embarcamos en otro navio que aí estava de Sant Vicente porque en el dei Rei iva mucha gente. Fué el P. Leonardo Nunez con dos o 3 en el dei Rei, y los demás fuimos en el navio de Sant Vicente. Y en aviendo de salir de la barra vaziava la marea, y no podimos tan aína salir que no diésemos en unas piedras que estavan en lo hondo dei agoa, adonde se oviera de perder el navio, y estonces quedamos allí hasta el otro dia.
- El [108v] navio dei Rei se íué delante porque estava fuera de la barra. Partimos al otro dia y ancoramos aquella noche por causa de los baxos que aviamos de pasar. En ameneciendo los pasamos, y ivamos por 3 braças de agoa y por dos y media. Y después que ia pensávamos que ivamos fuera de los baxos, descuidóse el piloto: sino quando el navio començó arrastrar de tal manera qu’el governalle saltó fuera y dimos en tierra estando seis o siete llegoas de la tierra firme. Empeço la grita en el navio. Pusimosnos todos a rezar una ledanía y a llorar nuestros peccados. Salimos con las relíquias que aí traíamos. Quiso N. Senor que fué el navio arrastrando un pouco hasta que dió en 4 braças de agoa, lo qual tuvieron quantos allí venían por milagro. Empeçaron luego a echar anchora, y hecharan el barquete fuera y fueron a mirar por donde yva la carrera, y hallaron luego mui hondo, salvo adonde nosotros estávamos, que no podíamos salir de allí sino por una boqua strecha. Ordenaran entonce[s] de meter el governalle, y en esto se cerro la noche y quedamos allí para por la mañana salir. Y ya que seria una hora de noche, viénese una tormenta grandíssima de viento contrario. Entonces el piloto, que estava debaxo de la cubierta reposando, sale fuera (y la otra gente a gritar y a dizir que éramos muertos) y tomaó el piloto un machado y corto los másteles, otros tenían la amarra, y todo gritando; y al rededor de nosotros rebentavan los mares tan altos como el navio. Pergunto Gregorio qué era aquello que rebentava? Dixéronle: aquello es nuestra muerte, diziendo que si la amarra quebrava, que allí aviamos de morir, porque no teniamos por donde salir sino por aquellos baxos; que era el viento sul y aviamos de bolver por donde aviamos venido. Entonces me puse a oir confessiones de una banda y Vicente Rodriguez de la otra. Sino quando quiebra la amarra y empieça la grita. O Hermanos, una cosa es meditar la muerte allá por los cubiculos y otra verla por los ojos! Lo que más me dava passión era que no podia tener contrición tan perfecta, quanta era menester para mis peccados, porque siempre parecia que no avia de morir; y lo con que más me consolava era con morir en la Compania de Jesús, y más morir en obediência, y asi le pedia perdón de las desobediências que tenía hechas, y ansi me vénia a la memoria que vos, Hermanos mios, os acordariades de mi. O Hermanos, no sabéis quanta Consolación es para quien deste mundo parte, partir en obediência y saber que tiene aquá quien ore por él; y asi también me vénia que nuestro Senor no nos embiara aquá para morir anegados en la mar, mas a ser comidos de los Brasiles. Bolviendo al propósito, el navio ansi como la amarra se quebró, íué contra naturam, porque en ninguna manera podia salir de alli sin se hazer mil pedaços. Llevólo N. Senor contra viento por aquella boqua strecha que ia dixe, y, queriendo dar el traquete, rompióse la vela dél, rompiéndola N. Senor porque, si lo dieran, bolviase el navio a los baxos. Y ansi anduvimos toda aquella noche aqui morimos, alli morimos, con gran tempestad de agoa y de viento que nos queria tragar, hasta que vino la mañana. Y antes que veniese dieron un pedaço de traquete que quedó para irmos a lo alto para por la mañana irmos amparar en tierra; y echaran mucha hazienda en la mar.
- Y por la mañana nos venimos para la tierra con una vela que ordenaran, y venimos por gracia de N. Senor a un Rio que llaman de las Caravelas . Llegando allí quiso N. Senor que estavan aquellos negros de paz entonce. Vinieron ellos con almadías de cáxcara de palo y lleváronnos para su Aldeã, y hiziéronnos fuego porque ívamos [109r] mui mojados. Y allí stuvimos algunos 8 ó 9 dias pasando mucha hambre, que no avia que comer, porque estos negros no hazen ningún bien sino a quien se lo paga. Entonces pidimos a la gente dei navio algún rescate de limosna y comprávamos para comer. Quando no teníamos que comer, que era lo más dei tiempo, comiamos de las calabaças de los negros cozidas sin sal y sin azeite, con harina podrida; y coziamoslas y comiamoslas en los alguidares y ollas en que ellos cozen y comen la carne humana. A las vezes me venía asco, mas la hambre lo quitava. De dia nos ívamos por esses matos a comer frutas silvestres, que llaman mangabas, que son como sorvas de Portogal; otra que llaman «yba putangat», que son como moras de silvas y tienen el mismo sabor, y en esto nos manteniamos. Y ansi también se pusieron los ninos a cantar algunas cantigas que aquá hizieron en lengua de los negros y otras en la nuestra. Ajuntávanse los negros todos deli’ Aldeã a ver y admirarse, y yo como los ví juntos dixe a una lengua que aí venía que les dixese alguna cosa de Dios, y ellos todo escuchavan, mas como vino a hablar de la muerte no quisieron oir, y dizían a la lengua que no hablase más, que ya hecho era, que cantasen. Y unos venían con una cosa, otros con otra, scilicet harina y ynames para coméremos, y poníannoslo delante e dizían: «Taxemoraiumé», que quiere dizir «no me venga mal», porque pensan que le podíanmos dar salud; y desta manera vivíamos. Y entretanto se concertava el navio. Y un domingo diximos aqui una missa sequa con ornamentos que traíanmos, y venían los negros y se admiravan; y diximos la missa de la Apresentación de nuestra Senora, porque en aquel dia pasáramos nosotros la tormenta. Y ansí a la noche dixo el P. Vicente Rodriguez que les hiziese plática. Entonces me puse por un buen spacio hablándoles de las grandes mercedes que nuestro Senor nos hiziera y de quán poças gracias le dávamos por ello. Entonces se movieron muchos a se confessar y acabando la plática se vinieron luego a mí que los confessasse, y así se confessaron la más de la gente. Después qu’el navio fué aparejado, el qual se aparejó con el despojo de otro navio que venía con nosotros, el qual dió a la cuesta y não se salvou más que la gente y poca cosa dei trato: enfín que andava nuestro Senor con nosotros trahéndonos el remédio de las otras partes.
- Y ansí desta manera nos embarcamos y venimos a este Spíritu Santo adonde aora estoi, adonde bailamos ai P. Lionardo Nunez bien agastado porque pensava que éramos perdidos. Y los que veníamos en este navio eran el P. Vicente Rodriguez, Joseph , Grigorio y un Hermano otro, y io y 4 ninhos. Y después se tornaran a enbarcar y me dexaran aqui solo con un Hermano lego que aquá se recibió y con 9 ninos. Y dexóme el Padre por predicador, y no tenia otro libro sino Vita Christi. Y llevó al P. Alonso Blás, que aqui estava, para entraren por el sertón, que dizen que ai allá mejor gentilidad de la que éstos son.
- Y ansí como se íueron comencé con esta gente a predicarles, y la 1. vez que les prediqué no sabia parte de mi, y ansí poco a poco me fui desembolviendo. Y comencé tanbién de mirar como vivían, y allé que estavan todos enemistados, y ansí con la ajuda de N. Senor los ajunté en la iglesia y los hize a todos amigos, con les predicar primero aquel evangelio de dia de S. Joan que viene en las octavas de Navidad, en las quales amistades uvo lágrimas.
- Y así [109v] les ordené (por los muchos juramentos que aqui avia y muchas murmuraciones) una confradia de la Charidad en la qual hize dos maiordomos y un scrivano. Y el orden delia es que los confrades no an de jurar ningún juramento, ni an de murmurar de ninguno, y más se an de confessar todas las Pascuas y todos los dias de nuestra Senora ; y que en su presencia no an de permitir jurar ni murmurar. Y después los maiordomos ordenaron de poner una pena que quien jurasse o murmurase pagase 5 maravedis si se viniese luego accusar, y si otro lo acusase pagase doblado; y estas penas avían de ser para casar una huérfana. Y ansí se usa y se quitan muchos juramentos y murmuraciones, y también pagan muchos. Y así con esto como con los sermones se haze fruto y se quitan muchos de peccados, unos casando sus mismas sclavos, otros casándose con ellas. De uno principalmente se admiraron, que era honbre honrrado, juez desta Villa, el qual se caso con una su esclava de que tenía dos hijas.
- Yo les predico cada domingo, y díguoos, Hermanos mios, que me hize tan soberbio, que me parece que soi buen predicador (digoos esto para que me encomendéis a Dios), y así me tienen todos por gran letrado. En las más de las predicaciones ai muchas lágrimas, principalmente en la de la passión fueron tantas, que ia no podían hablar ni llorar y caían, porque durando quase 3 horas, nunqua cessó el llanto; y por la misma manera fué en los sermones de los viernes de la Quaresma, que también les hize. A los domingos tanbién les hago doctrina de cosas de consciência, en que también se haze mucho fruto, bendito sea Dios.
- También a los domingos digo missa a los sclavos, los quales vienen todos a esta yglesia que será tan grande como la dei nuestro Colégio de Coinbra o más, y ínchese toda. Y después de missa les hago su doctrina con una lengua que aqui está en casa, que tiene cargo de las roças destos ninhos y de les hazer todo lo necessário. Es hombre mui de bien; haze todo con mucha charidad. Ansí ordene entre los negros dos Juezes, uno de los negros y otro de las negras, los quales tienen cargo de traherlos a la doctrina, y andan con mucho hervor: de manera que me dizen que asiendo un hombre de una negra, ella se defendiera llamando por la Virgen Maria (siendo ellas mui inclinadas a este vicio), y que le dixera: «No oies tú lo que te dizen en los sermones?» Que aunque allí no estuviese naidie que los viese, que los veia Dios, que estava en los cielos. Y otras que quando algún hombre les habla, luego amenazan con el Padre. Esto es en lo que me occupo hasta aora.
- Quanto a la tierra, es mui abastada, lo más que ai Capitania en el Brasil. Lo que se aqui come, por la maior parte es mijo, de que se haze mui buen pan que parece de Portogal. Ai también mucha caça brava, scilicet puercos, venados, antas, muchas aves, mucho pescado, muchos peces mui buenos, que pesan 15, 20 arrobas, y algunos 30, 40. Para los niños mataron esta Quaresma algunos 5 de que sacaron mucha mantequa, que vale a ducado la açumbre. De todo es abastada, sino de cosas de Portogal que no tiene por causa que fué despoblada y se quemaron los ingenios de açúquar, mas aora esperan por los moradores. Danse aqui todas las cosas de Portogal, sino que las hormigas no quieren dexar criarse nada.
- Tanbién ai aquá mucha falta de vino, de manera que a las vezes [110r] no se dize missa, y ansí de harina ; si de allá si pudiese mandar alguno, y alguna harina [seria limosna]. Y ansi tenemos aquá mucha necessidad de ornamentos para esta casa, que no tiene nada, que todo es emprestado: porque estava aqui un Padre virtuoso y temo que venga otro que no nos quiera emprestar nada. Y quanto aqui tenemos todo es de la yglesia de la Villa, que no tenemos de nuestro sino una vestimentizilla pobre, y todo lo demás, scilicet, cáliz, misal, piedra d’ara, vinagreras, y todas las más menudencias son de la otra yglesia. Si de allá pudiese venir, harse ía gran limosna; y lo que se mandare venga luego para aqui, porque lo que viene de allá todo se lleva a San Vicente. No más, sino que me encomiendo en oraciones de todos mis Padres y Hermanos. Deste Spiritu Sancto, oi 26 dias de Março 1554.
- En estas cosas, que aqui scrivo, no cuento sino la suma, porque me parece que Joseph a de scrivir largo.
Frater indignus, Bras Laurencio.
Tradução para o português (feita por IA)
Textus
-
Lamenta não ter recebido notícias dos Irmãos. — 2. Permanecem na Bahia o P. Luís da Grã e o Ir. João Gonçalves. — 3. Partem 14 ou 15 para o sul com o P. Leonardo Nunes, por ordem do Padre Nóbrega. — 4. Param em “Ilhéus” por um mês. — 5. Ali, o P. Leonardo Nunes embarca no navio real. — 6. Naufrágio do navio em que ia o próprio P. Blás Lorenzo. — 7. Bem recebidos pelos índios do Rio das Caravelas, onde o navio é reparado. — 8. Seguem para a Capitania do Espírito Santo, onde o Padre Leonardo os esperava e onde ficou o P. Lorenzo, no lugar do P. Afonso Brás, que foi para São Vicente. — 9. Ministérios na Capitania do Espírito Santo. — 10. Confraria da caridade. — 11. Modo de pregar aos portugueses. — 12. Modo de agir com os índios. — 13. Terra muito rica. — 14. Mas a igreja carece de ornamentos, que ele solicita a Portugal.
Caríssimos Padres e Irmãos, Paz de Cristo. A graça e o amor de Jesus estejam sempre em nossas almas. Amém.
- Depois que parti dessa santa casa, Caríssimos, nunca mais ouvi notícias suas, coisa que nestas terras tão remotas causa muita consolação, principalmente para mim, que tanto os tenho em minha alma. E, secundariamente, me causa estes desejos estar só, sem meus companheiros e sem o Padre ou Irmão com quem me possa consolar; e estaremos tão remotos que mais depressa posso ouvir notícias de lá do que dos daqui, por causa das correntes que correm meio ano de um lado, e meio do outro, de maneira que de 7 ou 8 em 8 meses temos notícias uns dos outros, e isso se por acaso vier algum navio; o que é para mim uma grande desolação. Quis escrever-lhes isto para que, de suas caridades e consolações, partilhem com este desconsolado, e não queiram ser comigo como eu era com os que aqui andavam, a quem não conseguia me acomodar para escrever quando estava lá.
- Caríssimos, depois que lhes escrevi pela Armada, veio à Bahia Leonardo Nunes por ordem do P. Nóbrega e, depois de estar ali alguns dias, quisera me deixar lá como Reitor, mas depois Nosso Senhor ordenou outra coisa, pois concluíram que ficasse ali Luís da Grã, porque haveria de pregar por ser muito querido pela gente, especialmente pelo Governador; e ficou com ele João Gonçalves. E os demais que ali estávamos, tanto os meninos como os Irmãos, embarcamos em número de 14 ou 15, de modo que não podiam olhar para qualquer lado sem nos verem, embora a mim poucos pudessem ver, mas achavam-me com os pés [para o alto] por ir sempre enjoado, e eu calava-me sem poder me mexer.
- Viemos aos Ilhéus, que são 30 léguas da Bahia, e ali estivemos cerca de um mês por causa do Ouvidor que ia fazendo correição, e ali passávamos fome pelo fato de sermos muitos e as esmolas poucas.
- Depois partimos e fomos a Porto Seguro onde estava Ambrósio Pires, o qual nos recebeu com sua costumeira caridade. E estando ali alguns dias, quis o P. Leonardo Nunes levar o P. Ambrósio Pires, e já tinha a bagagem embarcada. Vieram então os moradores pedir que lhe deixassem algum Padre, de tal maneira que se mostravam escandalizados. Então determinou o Padre que ficasse algum. Fomos postos em sorteio qual de nós ficaria, se o P. Ambrósio Pires ou eu, e a sorte caiu sobre Ambrósio Pires. Ficou com ele Blázquez por causa de Gregório se sentir mal nesta terra.
- E dali nos embarcamos em outro navio que ali estava de São Vicente, porque no do Rei ia muita gente. Foi o P. Leonardo Nunes com dois ou três no do Rei, e os demais fomos no navio de São Vicente. E tendo de sair da barra, a maré vazava, e não pudemos sair tão rápido que não déssemos em umas pedras que estavam no fundo da água, onde o navio esteve para se perder, e então ficamos ali até o outro dia.
- O navio do Rei foi adiante porque estava fora da barra. Partimos no dia seguinte e ancoramos aquela noite por causa dos baixios que havíamos de passar. Ao amanhecer os passamos, e íamos por 3 braças de água e por duas e meia. E depois que já pensávamos que íamos fora dos baixios, descuidou-se o piloto: foi quando o navio começou a arrastar de tal maneira que o leme saltou fora e batemos em terra, estando a seis ou sete léguas da terra firme. Começou a gritaria no navio. Pusemo-nos todos a rezar uma ladainha e a chorar nossos pecados. Saímos com as relíquias que trazíamos. Quis Nosso Senhor que o navio fosse arrastando um pouco até que deu em 4 braças de água, o que todos que ali vinham consideraram um milagre. Começaram logo a lançar âncora, e lançaram o barquete fora e foram olhar por onde ia o canal, e acharam logo muita profundidade, salvo onde nós estávamos, de onde não podíamos sair senão por uma boca estreita. Ordenaram então de colocar o leme, e nisto se fechou a noite e ficamos ali para sair pela manhã. E já sendo uma hora da noite, vem uma tempestade grandíssima de vento contrário. Então o piloto, que estava debaixo da coberta repousando, sai fora (e a outra gente a gritar e a dizer que estávamos mortos) e tomou o piloto um machado e cortou os mastros, outros seguravam a amarra, e tudo gritando; e ao redor de nós arrebentavam os mares tão altos como o navio. Perguntou Gregório o que era aquilo que arrebentava? Disseram-lhe: aquilo é a nossa morte, dizendo que se a amarra quebrasse, que ali haveríamos de morrer, porque não tínhamos por onde sair senão por aqueles baixios; que era o vento sul e haveríamos de voltar por onde havíamos vindo. Então pus-me a ouvir confissões de um lado e Vicente Rodrigues do outro. Oh Irmãos, uma coisa é meditar a morte lá pelos cubículos e outra vê-la pelos olhos! O que mais me causava aflição era que não podia ter contrição tão perfeita quanto era necessária para meus pecados, porque sempre parecia que não havia de morrer; e o que mais me consolava era morrer na Companhia de Jesus, e mais ainda morrer em obediência, e assim pedia perdão das desobediências que tinha feito, e assim me vinha à memória que vós, Irmãos meus, vos lembraríeis de mim. Oh Irmãos, não sabeis quanta consolação é para quem deste mundo parte, partir em obediência e saber que tem aqui quem ore por ele; e assim também me vinha que nosso Senhor não nos enviara aqui para morrer afogados no mar, mas para ser comidos pelos Brasis. Voltando ao propósito, o navio, assim que a amarra se quebrou, foi contra a natureza, porque de maneira nenhuma podia sair dali sem se fazer em mil pedaços. Levou-o Nosso Senhor contra o vento por aquela boca estreita que já disse, e, querendo dar o traquete, rompeu-se a vela dele, rompendo-a Nosso Senhor porque, se a dessem, o navio voltaria aos baixios. E assim andamos toda aquela noite — “aqui morremos”, “ali morremos” — com grande tempestade de água e de vento que nos queria tragar, até que veio a manhã. E antes que viesse, deram um pedaço de traquete que sobrou para irmos ao largo para pela manhã irmos nos abrigar em terra; e lançaram muita fazenda ao mar.
- E pela manhã viemos para a terra com uma vela que improvisaram, e chegamos por graça de Nosso Senhor a um Rio que chamam de Caravelas. Chegando ali, quis Nosso Senhor que aqueles negros estivessem de paz então. Vieram eles com almadias [canoas] de casca de pau e levaram-nos para sua Aldeia, e fizeram-nos fogo porque íamos muito molhados. E ali estivemos cerca de 8 ou 9 dias passando muita fome, pois não havia o que comer, porque estes negros não fazem nenhum bem senão a quem os paga. Então pedimos à gente do navio algum resgate [objetos de troca] de esmola e comprávamos para comer. Quando não tínhamos o que comer, que era a maior parte do tempo, comíamos das abóboras dos negros cozidas sem sal e sem azeite, com farinha podre; e cozíamos-las e comíamos-las nos alguidares e panelas em que eles cozem e comem a carne humana. Às vezes me vinha asco, mas a fome o tirava. De dia íamos por esses matos comer frutas silvestres, que chamam mangabas, que são como sorvas de Portugal; outra que chamam «yba putangat» [pitanga], que são como amoras de silvas e têm o mesmo sabor, e nisso nos mantínhamos. E assim também se puseram os meninos a cantar algumas cantigas que aqui fizeram na língua dos negros e outras na nossa. Juntavam-se os negros todos da Aldeia para ver e admirar-se, e eu, como os vi juntos, disse a um intérprete que ali vinha que lhes dissesse alguma coisa de Deus, e eles tudo escutavam, mas quando veio a falar da morte não quiseram ouvir, e diziam ao intérprete que não falasse mais, que já estava feito, que cantassem. E uns vinham com uma coisa, outros com outra, a saber, farinha e inhames para comermos, e punham-nos diante de nós e diziam: «Taxemoraiumé», que quer dizer «não me venha mal», porque pensam que lhes podíamos dar saúde; e desta maneira vivíamos. E enquanto isso se consertava o navio. E um domingo dissemos aqui uma missa seca com ornamentos que trazíamos, e vinham os negros e se admiravam; e dissemos a missa da Apresentação de nossa Senhora, porque naquele dia passáramos pela tempestade. E assim, à noite, disse o P. Vicente Rodrigues que lhes fizesse uma prática [sermão]. Então pus-me por um bom espaço falando-lhes das grandes mercês que nosso Senhor nos fizera e de quão poucas graças lhe dávamos por isso. Então se moveram muitos a se confessar e, acabando a prática, vieram logo a mim para que os confessasse, e assim se confessou a maior parte da gente. Depois que o navio foi aparelhado — o qual se aparelhou com os destroços de outro navio que vinha conosco, o qual deu à costa e não se salvou mais que a gente e pouca coisa da carga — enfim, nosso Senhor andava conosco trazendo-nos o remédio das outras partes.
- E assim desta maneira nos embarcamos e viemos a este Espírito Santo onde agora estou, onde encontramos o P. Leonardo Nunes bem desgostoso porque pensava que estávamos perdidos. E os que vínhamos neste navio éramos o P. Vicente Rodrigues, Joseph, Gregório e um outro Irmão, e eu e 4 meninos. E depois voltaram a embarcar e deixaram-me aqui sozinho com um Irmão leigo que aqui foi recebido e com 9 meninos. E deixou-me o Padre como pregador, e não tinha outro livro senão o Vita Christi. E levou o P. Afonso Brás, que aqui estava, para entrarem pelo sertão, pois dizem que há lá melhor gentilidade do que estes são.
- E assim que se foram, comecei com esta gente a pregar-lhes, e na primeira vez que lhes preguei não sabia o que fazia, e assim pouco a pouco fui me desembaraçando. E comecei também a observar como viviam, e achei que estavam todos inimigos, e assim com a ajuda de Nosso Senhor os juntei na igreja e os fiz a todos amigos, pregando-lhes primeiro aquele evangelho do dia de S. João que cai nas oitavas de Natal, em cujas amizades houve lágrimas.
- E assim lhes ordenei (pelos muitos juramentos que aqui havia e muitas murmurações) uma confraria da Caridade na qual fiz dois mordomos e um escrivão. E a regra dela é que os confrades não devem jurar nenhum juramento, nem devem murmurar de ninguém, e além disso devem se confessar em todas as Páscoas e todos os dias de Nossa Senora; e que em sua presença não devem permitir jurar nem murmurar. E depois os mordomos ordenaram de por uma pena de que quem jurasse ou murmurasse pagasse 5 maravedis se viesse logo se acusar, e se outro o acusasse pagasse o dobro; e estas penas seriam para casar uma órfã. E assim se pratica e se retiram muitos juramentos e murmurações, e também pagam muitos. E assim com isto, como com os sermões, se colhe fruto e se afastam muitos dos pecados, uns casando suas próprias escravas, outros casando-se com elas. De um principalmente se admiraram, que era homem honrado, juiz desta Vila, o qual se casou com uma sua escrava de quem tinha duas filhas.
- Eu lhes prego cada domingo, e digo-lhes, Irmãos meus, que me tornei tão soberbo, que me parece que sou bom pregador (digo-lhes isto para que me encomendem a Deus), e assim me têm todos por grande letrado. Na maior parte das pregações há muitas lágrimas, principalmente na da paixão foram tantas, que já não podiam falar nem chorar e caíam, porque durando quase 3 horas, nunca cessou o pranto; e da mesma maneira foi nos sermões das sextas-feiras da Quaresma, que também lhes fiz. Aos domingos também lhes dou doutrina sobre coisas de consciência, em que também se colhe muito fruto, bendito seja Deus.
- Também aos domingos digo missa aos escravos, os quais vêm todos a esta igreja que será tão grande quanto a do nosso Colégio de Coimbra ou mais, e enche-se toda. E depois da missa dou-lhes a doutrina com um intérprete que aqui está em casa, que tem o encargo das roças destes meninos e de lhes fazer todo o necessário. É homem muito de bem; faz tudo com muita caridade. Assim ordenei entre os negros dois Juízes, um dos negros e outro das negras, os quais têm o encargo de trazê-los à doutrina, e andam com muito fervor: de maneira que me dizem que, agarrando um homem uma negra, ela se defendeu chamando pela Virgem Maria (sendo elas muito inclinadas a este vício), e que lhe disse: «Não ouves tu o que te dizem nos sermões?» Que ainda que ali não estivesse ninguém que os visse, que os via Deus, que estava nos céus. E outras que quando algum homem lhes fala, logo ameaçam com o Padre. Isto é no que me ocupo até agora.
- Quanto à terra, é muito abastecida, a melhor Capitania que há no Brasil. O que se aqui come, pela maior parte é milho, de que se faz muito bom pão que parece de Portugal. Há também muita caça brava, a saber, porcos, veados, antas, muitas aves, muito peixe, muitos peixes muito bons, que pesam 15, 20 arrobas, e alguns 30, 40. Para os meninos mataram esta Quaresma cerca de 5 de que tiraram muita gordura [manteiga], que vale um ducado a açumbre. De tudo é abastecida, exceto de coisas de Portugal que não tem pelo fato de ter sido despovoada e se terem queimado os engenhos de açúcar, mas agora esperam pelos moradores. Dá-se aqui todas as coisas de Portugal, exceto que as formigas não querem deixar criar-se nada.
- Também há aqui muita falta de vinho, de maneira que às vezes não se diz missa, e assim também de farinha; se de lá se pudesse mandar algum, e alguma farinha [seria esmola]. E assim temos aqui muita necessidade de ornamentos para esta casa, que não tem nada, que tudo é emprestado: porque estava aqui um Padre virtuoso e temo que venha outro que não nos queira emprestar nada. E quanto aqui temos tudo é da igreja da Vila, que não temos de nosso senão uma vestimentazinha pobre, e todo o resto, a saber, cálice, missal, pedra d’ara, galhetas e todas as demais miudezas são da outra igreja. Se de lá pudesse vir, far-se-ia grande esmola; e o que se mandar venha logo para aqui, porque o que vem de lá tudo se leva a São Vicente. Nada mais, senão que me encomendo nas orações de todos os meus Padres e Irmãos. Deste Espírito Santo, hoje 26 dias de Março de 1554.
- Nestas coisas que aqui escrevo, não conto senão o resumo, porque me parece que Joseph há de escrever longamente.
Irmão indigno, Blás Lorenzo.
26/03/1554: Do P. Brás Lourenço Aos Padres E Irmãos De Coimbra. História Capixaba, 2026. Disponível em: . Acesso em: .
LEITE, Serafim. Monumenta Missionum Societatis Iesu. Vol. XI. Missiones Occidentales. Monumenta Brasiliae, Vol. II (1553-1558). Roma: Monumenta Historica S. I. 1957, p.38-48.
